miércoles, 18 de mayo de 2011

Y un día volvió

Sin despeinarse

Buenas noches América. En lo laboral el año comienza cuando llega el último ciclista. En lo televisivo, cuando arranca Showmatch. Los gerentes de programación, tanto el del 12 como los de la competencia, adecuan las grillas en base a este programa. Todo el mundo televisivo, en Argentina y Uruguay, dependen de lo que haga o deje de hacer Marcelo Tinelli.

Ahora, ¿cómo reacciona el público ante el gran producto de Ideas del Sur? Es curioso el efecto que genera Showmatch en las masas. Nadie dice que lo mira, pero sin embargo no se refleja así en el raiting. La gente pacata jamás va a admitir que vio o ve a Tinelli. Algo es seguro, alguien lo tuvo que haber mirado ya que en el día de su debut hizo 14 puntos de raiting en promedio.

Los números no dan. Aquellos que miran diariamente televisión se dieron una vuelta por canal 12. Pocos cambiaron, muchos aguantaron bastante tiempo y una gran cantidad se quedó observando este gran programa de contenido cultural.

Showmatch es un producto de calidad. Cumple con su objetivo: entretener. Y lo hace con creces. Se asemeja a una telenovela presentada como un show mediático. El baile es un agregado. Los sueños una simple excusa. Sin embargo, estos últimos se cumplen; por lo tanto hay algo de bien tras este gran reality.

Hay ciertos televidentes pacatos que no son más que hipócritas que se hacen los cultos. Dicen que los productos de Marcelo Tinelli generan violencia. No se dan cuenta que en toda la televisión hay violencia porque en la sociedad también la hay.

A las 22.30 del lunes 16 de mayo comenzaba Tinelli. ¿Qué pasaba a esa hora en los canales para intelectuales? En Discovery Channel la Policía criminalística buscaba quienes fueron los asesinos de una joven. En Natgeo –canal que recomiendo-, mostraban como un grupo de cazadores asesinaban a cocodrilos a disparos para alimentarse. En History Channel continúan hasta hoy cazando Ovnis.

Lo efímero, la violencia, lo irrelevante, banal y el morbo están presentes en estos canales pero de manera segmentada. Lo que hace Tinelli es unir todo un conjunto de emociones y sensaciones en un mismo producto: Showmatch. Esta nueva temporada promete más tetas, culos, morbo, peleas pero también emociones y diversión procurando el entretenimiento. La gente lo va a mirar porque necesita desenchufarse y no pensar en nada, y que mejor que este programa. La calidad está basada en la garantía de un producto que dejó de prometer para convertirse en un éxito.

domingo, 15 de mayo de 2011

Práctica 2, el Spiderman uruguayo

Spiderman en Plaza IndependenciaSpiderman en Puerta de la CiudadelaSpiderman en la puerta del Teatro SolísSpiderman en el Teatro SolísSpiderman en el 427Spiderman en el 427
Práctica 2, un álbum en Flickr.


De día es Spiderman  y de noche también lo es. Montevideo cuenta con un superhéroe que muchos ya hemos visto mientras deambulaba por las plazas.  El Spiderman uruguayo, a diferencia del norteamericano, se dedica exclusivamente a ser superhéroe. Aprovecha esta “cualidad” para ganarse unos pesos mientras es fotografiado. Sacarse una foto con él, desde su propia cámara, sale $40 mientras que sacarle una foto a él desde cualquier otra máquina cuesta $20 o más dependiendo la voluntad de la persona.

Su verdadero nombre es Bismarck Pino y vive en el Paso Molino. No dice su edad para no quitarle el “gustito al personaje”. Así como Peter Parker fue criado por su abuela, Bismarck lo fue por su tía pero con la diferencia que sus padres no estaban muertos sino que lo habían abandonado. Luego de un tiempo él pudo conocer a sus padres pero se llevó la sorpresa de que madre lo niegue. Comenzó con esto de Spiderman en 1975 –plena dictadura- tras haber ganado un concurso en Nueva Helvecia – Dpto. San José-. En ese momento fue cuando diseñó su primer traje. Fue detenido en un par de ocasiones por los militares.

Luego, trabajó casi 10 años para un circo. En este período de su vida, Bismarck repartía su tiempo entre su alter ego y su vida laboral propiamente dicha.  Recién en 1994, Bismarck se dedicó de lleno al superhéroe. Desde entonces, Bismarck se gana la vida en el Parque Rodó –chico-, Plaza Treinta y Tres, Plaza Independencia y Prado. Sin ningún tipo de sponsor, él se gana su vida haciendo esto: se cose el traje, viaja en ómnibus, paga las cuentas…

Nunca se quita el traje. Desde que sale a trabajar hasta que regresa a su casa anda con este puesto. Pero, trabajar en las calles no es sencillo. "Hay gente mala onda: a esos les digo que se queden en sus casas". Si el insulto es mayor, Bismarck los invita a pelear. No anda con un revólver, ni con un cuchillo ni con telas de arañas pero sí tiene un cachiporra. Para él lo mejor son los niños siempre y cuando tengan buena educación. Ese es su público y a quien dedica mayor parte de su tiempo.

viernes, 29 de abril de 2011

Las Voces de Maroñas



Entrevistas a dos relatores y un comentarista del Hipódromo de Maroñas para la materia Audio I.
En el audio aparecen: Victor Cusati, Antonio Castro y Sergio Silva (comentarista en Radio Cristal).
Agradecimientos: Alfredo Acuña (Jefe de Comunicación & Prensa) y a toda la gente de Maroñas por su buena predisposición.

miércoles, 27 de abril de 2011

Puestos sin caducidad

Sin despeinarse

¿Hasta cuándo se puede aguantar a una persona pública que ejerce mal sus funciones? Si contextualizamos la respuesta en el marco de este gobierno frenteamplista y si dicha persona es oficialista, diremos que podría mantenerse en el puesto hasta que las velas ardan.

Luis Mendoza Novo asumió como coordinador ejecutivo de la Policía de Montevideo hacia fines de 2008. En un principio pareció desempeñar sus funciones sin mayores dificultades. A lo último, era injustificable su presencia al mando de la Policía al menos que estuviese acomodado.

La gota que rebasó el vaso. El martes 12 de abril Peñarol enfrentó a Independiente en el Estadio Centenario. Quien concurrió pudo advertir, desde el principio, la extraña ubicación que  otorgaron a los mil hinchas del Rojo de Avellaneda: un rincón en la Platea América a un lado de la Tribuna Colombes. La cuestión no termina allí: la tribuna de la pantalla gigante estaba ocupada por la parcialidad aurinegra, sin ninguna valla de contención que la dividiese con la parcialidad lindera. A esto se le suma que en la Tribuna América, ubicada por encima de la Platea América, había padres con sus hijos que venían ver la bandera más grande del Mundo.

¿Cómo era posible que los barras argentinos estuviesen allí ubicados? Negligencia del ya conocido inspector Mendoza. El día anterior a estos altercados había hablado sobre el gran y exitoso operativo policial. ¿Dónde oculta su bola de cristal? ¿Será que la tiene dentro de su inutilizable chaleco antibalas? Horas después del clásico rioplatense, justificó la actuación policial, se sumaba a su historial. La pregunta que surgió fue: ¿de qué accionar habla si cuando comenzaron a bajar hinchas aurinegros, desde la Ámsterdam hasta la platea América, no había ni un solo policía? Si cuando el hincha del Rojo robó la bandera no había ni un seguridad para detenerlo. Si se cagaron a piedrazos… Los únicos que supieron detener la bataola fueron un par de hinchas de ambos equipos que llamaron a la calma.

Año atrás, el coordinador ejecutivo de la Policía de Montevideo había cobrado trascendencia por avalar una decisión del Club Nacional de Fútbol de dividir, para el partido clásico, la Tribuna Olímpica. En un principio, esta sólo correspondería a los parciales bolsos, pero como los hinchas de Peñarol concurrirían a esa zona, la Policía decidió dividirla y otorgarle un cuarto de grada a la hinchada aurinegra. El resultado: tres cuartos de tribuna tupidos de personas y el resto con apenas unas 100 personas. Para colmo, se dieron disturbios a las afueras del estadio.

No era la primera vez que la Policía actuaba ineficazmente. El próximo jefe de Policía debe saber de fútbol. Pero aun así nadie puede garantizar que no se repitan hechos como los que se dieron en Peñarol-Cerro. Ese día, con un efectivo policial alcanzaba para detener a los alborotados auriengros que querían ingresar en la cancha. Fue, otra vez, un externo a la seguridad quien los detuvo: en este caso, los jugadores de Peñarol. La cámara pudo más que él y Mendoza volvió a aparecer hablando de su exitoso operativo policial. A partir del viernes será sub jefe de la Policía de Canelones, un lugar donde hay menos cámaras, un lugar donde se podrán ver menos sus contradicciones. 

Un mal sueño hecho realidad

Sin despeinarse

Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía… Las novias, la rebeldía, la joda y El Romancero. ¿Quién no lo recuerda? Marcó la etapa liceal en todo adolescente uruguayo. Mínimo, te obligaban a memorizarte dos poemas de un libro cuyo autor es un tal Anónimo.

4º de Liceo. Una etapa de mierda. Las cosas que requieren que se tenga que pensar dos veces, se realizan por impulso. En las situaciones que no requieren mayores dificultades, el chico púber tarda años en tomar la decisión. Está en la edad de la bobera, dicen las viejas. Está creciendo, dice las madres. Me siento igual que ayer y no creo que me sienta mucho más diferente  mañana, decía yo entonces.

Clase de Literatura. La profesora tenía el prototipo de profesora de Letras, cabello no muy largo y con rulos, lentes, maquillada y perfumada a lo anciana y letra manuscrita en el pizarrón. Hoy no me arriesgaría a apostar que estuviese viva. Mi hermana, que ya la había sufrido, decía que era una crack: ella era la traga de la clase.
Agosto, mes de mucho frío. Mis neuronas no querían hacer sinapsis. Todos nos aprendimos, por lo menos, uno de los dos poemas del Romancero que había para esa semana. Yo me aprendí el Romance del enamorado y la Muerte. Ergo, me preguntaron el otro. Los días anteriores habíamos trabajado otro romance, en donde la relación de pareja y el sexo eran el fundamento del poema. Pero para esa semana correspondía el que gloriosamente me había memorizado y otro cuyo nombre bloqueó, con inteligencia, mi cerebro. ¿Para qué recordar algo que me dejó mal parado frente a todos mis compañeros?

El oral había comenzado. Me sudaban hasta las partes que no son visibles a los otros. Venía bien, la profesora asentía con cada palabra que salía de mí y de mi guitarra. Un momento puntual en el poema me llevó más tiempo que las otros. En la situación aparecen una pareja y la palabra ropa. El hámster corría de manera acelerada en mi cabecita. Ta lo digo: “Acá está hablando de la pareja y de las relaciones sexuales que mantenían”. Un silencio sepulcral colmó el salón por algunos segundos. Al instante, una risa se vislumbra en la boca de la profesora: ese fue el consentimiento para que el resto de la clase comenzará a morirse de risa. Mis amigos aún lo recuerdan y es un tema tabú entre nosotros. Mi cara se puso roja como un tomate. El sudor que empezó a caer como catarata sobre mi frente se plasmó en la mente de mis  amigos.

Hoy, siete años después de la tragedia, pienso siete veces las cosas antes de decirlas. A la sexta que la razono, el segundo más burro de la clase lo dice. Entonces, hay veces que ni me preocupo en pensar. Si es algo estudiado de un texto, lo digo. Si implica alguna comprensión personal, me callo; no vaya a ser que se encuentre una vieja de Literatura dando la clase. 

miércoles, 13 de abril de 2011

Gracias a la IM, no descansan en paz

Sin despeinarse

El domingo 10 de abril concurrí a un entierro en el Cementerio del Buceo. La empresa fúnebre que se encargó del sepelio fue Abate, por lo que el camino entre la casa velatoria y el cementerio fue corto.

Ingresamos por un lateral. Una radio mono sonaba, a todo volumen y con una cumbia vieja en la garita del cuidador. Los mausoleos o nichos convierten el lugar en aterrador. Supuestamente es el cementerio uruguayo más rico en arquitectura.

Dio asco cuando, a medida que avanzábamos, el hedor impregnaba nuestro olfato. Las moscas pegaban en mi cara a medida que me acercaba a los nichos. Los caminos que los cruzan son intransitables. El olor fuerte, desagradable y repulsivo hizo que no me pudiera concentrar en la ceremonia como hubiese querido.

La Intendencia de Montevideo no controla la higiene de los cementerios. Hace dos años acudí a este cementerio y el hedor era el mismo. Nada ha cambiado. Hay cada vez más cuerpos: cada vez más olor a muerte.



¿Cuán tranquila puede estar una familia oliendo la putrefacción de otros? Y los que no son familiares cercanos que tienen la mente, en ese momento, más ávida ¿cómo pueden soportar tal tufo?

Los caminos estrechos y la fila de edificios de cuatro pisos de nichos convierten aquello en catacumbas al aire libre. Flores marchitas y pequeñas moscas colman ese ambiente siniestro. Lo más deplorable es que las autoridades del cementerio no puedan decir basta ante la constante llegada de cadáveres.

Es hora de que los familiares puedan despedir más dignamente a sus familiares y que los muertos descansen en paz. ¿Hay algo que funcione bien dentro de la Intendencia? Sí, el acomodo.